miércoles, 7 de marzo de 2012

Convenio entre GEMRIP y FUMEC ALC para formación teológica y política de movimientos estudiantiles


El Grupo de Estudios Multidisciplinarios sobre Religión e Incidencia Pública (GEMRIP) y la Federación Universal de Movimientos Estudiantiles Cristianos en América Latina y el Caribe (FUMEC ALC) han firmado un convenio con el propósito de realizar esfuerzos conjuntos a corto y mediano plazo en diversas instancias dentro del campo educativo.
La FUMEC está iniciando diversos procesos en la región latinoamericana. La gestión de un programa regional y global de Eco Justicia y el inicio de un programa de desarrollo de liderazgos son razones por la cuales trabajará junto a GEMRIP en la creación de un proceso de formación y capacitación entre los distintos movimientos que la componen, en diversas áreas relacionadas con la concientización socio-política, la educación teológica y la formación en procesos de incidencia pública.

La operatividad de este convenio se realizará principalmente en las siguientes áreas:

• Desarrollo de un programa virtual de formación para los grupos coordinadores nacionales en toda América Latina sobre temáticas en torno a teología, política, incidencia pública y gestión comunitaria.

• Creación de un programa virtual de formación sobre eco-justicia.

Este convenio nos permitirá abrir un nuevo proceso de trabajo para atender una de las principales demandas que posee nuestro actual contexto: la formación de los y las jóvenes en su rol de agentes sociales dentro de los nuevos escenarios políticos del continente, para la construcción de nuevos marcos de incidencia pública pertinentes.

Dentro de la agenda de trabajo de GEMRIP, uno de los objetivos prioritarios en esta etapa es la formación teológica y política de los y las jóvenes del continente. Por esta razón, estamos más que contentos de poder concretar este acuerdo con la FUMEC, con el propósito abordar un área que requiere urgente atención. Este es el comienzo de un proceso de trabajo a largo plazo, que sabemos tendrá un fuerte impacto en el campo ecuménico latinoamericano.

Nicolás Panotto
Director GEMRIP

Para la FUMEC ALC el Acuerdo con el GEMRIP, así como otros acuerdos logrados recientemente con organizaciones ecuménicas, es una oportunidad para un proceso regional de desarrollo de liderazgos. La posibilidad de formar referentes de MECs en cuestiones relacionadas a lo político, teológico y la formación en incidencia pública colabora para la definición del escenario de acción en donde los MECs desarrollan sus actividades y no solo responde a una estrategia regional sino también global. Este paso es también volvernos hacia nuestra propia historia como federación de estudiantes en donde la reflexión socio-política y teológica y la producción de conocimientos eran parte de la vida de los movimientos Latino americanos y Caribeños


Marcelo D. Leites
Secretario Regional FUMEC ALC




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La Federación Universal de Movimientos Estudiantiles Cristianos Planifica su programa global de Eco Justicia para los próximos 2 años




*Por Marcelo Leites



El comité de Incidencia pública y el cuerpo de Secretarios Regionales de la FUMEC global reunido en Nairobi entre los días 1 y 12 de febrero comenzó el trabajo de planificación de sus programas bi anuales establecidos en su última reunión de staff en Junio de 2011. 


Estos programas forman parte de un plan estratégico en vista a la próxima asamblea con el objetivo de movilizar estudiantes de la FUMEC en el trabajo de Incidencia pública sobre diferentes temáticas.

El programa de ECO justicia que tiene sus raíces en la temática anual de Justicia Ambiental de la FUMEC en 2009 y de la campaña por Justicia del Agua en 2011, se apoyará en la plataforma de trabajo que viene desarrollando la región Latinoamérica y el Caribe desde la segunda mitad del año pasado.

Con el Objetivo de Movilizar y entrenar estudiantes en el campo de la incidencia publica sobre Eco Justicia, el programa presentara diferentes actividades a nivel global en los próximos dos años, Incluyendo la participación de estudiantes de la FUMEC en la próxima Conferencia sobre desarrollo Sustentable de naciones Unidas (RIO+20) y Cumbre de los Pueblos, en Río de Janeiro, Brasil en Juno de 2012.



Algunas otras actividades fueron planificadas; la creación de un comité de publicaciones que pueda aunar diferentes conocimientos de los estudiantes y comunicarlo efectivamente y el aliento a seguir construyendo redes de trabajo con el programa de Cambio Climático y la Red Ecuménica del Agua, programas ambos del Consejo Mundial de Iglesias



También se trabajó en la planificación del trabajo de otros programas. El programa Colombia y Medio Oriente donde la FUMEC Global quiere profundizar el trabajo de incidencia pública en conjunto con otros aliados estratégicos en diferentes asuntos en referencia a construcción de Paz y resolución de conflictos en dichos lugares.








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Sudamérica y Haití: ¿Intervención, Cooperación o Solidaridad?





*Por Martín Coria



A dos años del terremoto de enero de 2010, quizás uno de los mayores dilemas éticos y de política exterior hacia Haití para los países de ésta Sudamérica de hoy - mayoritariamentecomprometida con el respeto a los derechos humanos, la inclusión social y el respeto por la soberanía y autodeterminación de los pueblos- pase por discernir y transparentar cuántode intervención(ismo), de cooperación y de solidaridad definirán la relación de la región sudamericana con la República de Haití de aquí en mas. Aunque esté lejos de ser perfecta o suficiente, es muy bueno y necesario que los países sudamericanos cooperen y se relacionen con Haití.

Los gobiernos de Sudamérica y algunos de los organismos de los que son parte (UNASUR, BID) han hecho mucho por el pueblo e instituciones haitianas desde el terremoto de enero de 2010. Sin embargo, Sudamérica tiene que hacer mucho más por “y con” Haití, y mejor. Este es el tiempo justo para que las y losgobernantes sudamericanos y haitianos piensen en grande, a largo plazo y acuerden formas de cooperación y relacionamiento mutuo que sean solidarias, dignificantes y transformadoraspara ambas partes. Si “otra forma de cooperación con Haití es posible” (y necesaria), quiénmejor que Sudamérica para pensarla e intentarla. 

Para pensar el presente y el futuro de la compleja relación Sudamérica-Haití habrá que hacer un esfuerzo constante para evitar distraerse en lugares demasiado transitados cuandose trata de Haití. Me refiero a: la demonización o descalificación rápida de toda la “ayudainternacional” (que no hace justicia con los innumerables ejemplos de cooperación solidariay efectiva), a la simplificación de la situación interna en Haití, especialmente de las dinámicasde poder local y la súper inequitativa distribución de la riqueza y el poder (que oculta el rol delas elites haitianas, demasiado cómodas por demasiado tiempo, incluyendo durante el procesode reconstrucción del país) y, por último, la autocomplacencia de muchos actores extranjeros-gubernamentales y no gubernamentales- trabajando en Haití, incluyendo aquí a algunos sudamericanos que a veces parecieran satisfacer su necesidad de hacer algo “por o en” Haití observando o propagando las imágenes de “sus” cascos azules como si éstos fueran merosagentes humanitarios.Dicho lo anterior, puede decirse que hasta el momento las numerosas acciones ejecutadas y los gestos realizados por los gobiernos de la región hacia Haití ofrecen un panorama mixto, con “luces” y también con “sombras”, con algunas novedades y con “más de lo mismo”. 

Al tiempo que Sudamérica intenta tener gestos concretos de hermandad y acercamiento inteligente al pueblo Haitiano, sus autoridades e instituciones, aún persisten asignaturas pendientes y contradicciones irresueltas anteriores al terremoto de enero 2010 a la vez que emergen nuevos desafíos.Por “Sudamérica”, el articulo se refiere a Brasil y países del Cono Sur, dejando el particular caso de Venezuela para un segundo artículo sobre los países Caribeños.

Aciertos y desafíos 

Entre los aciertos sudamericanos en Haití que ofrecen pistas para pensar el futuro se destacan: la inteligente decisión de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) de crear y mantener la Secretaria Técnica UNASUR-Haití en Puerto Príncipe, las cada vez más frecuentes visitas de autoridades políticas haitianas a países de la región y viceversa, la creciente presencia y participación activa haitiana en cumbres y reuniones sudamericanas así como las visitas de intercambio de técnicos y especialistas haitianos a países de la región enfocadas en temas tan variados como políticas públicas para luchar contra el hambre (a Brasil), agricultura familiar (Argentina), mantenimiento de caminos (Bolivia) y deporte y paz (Colombia). 

A esto se suman las varias e interesantes iniciativas de cooperación Sur-Sur que tienen lugar en Haití en áreas claves como educación (Chile, Uruguay), salud pública (Colaboración Tripartita Brasil-Cuba-Haití), seguridad alimentaria (Argentina) fortalecimiento del sistema de justicia, derechos humanos, entre otros. En general, y con algunas excepciones, estas iniciativas hechas “desde y por” Sudamérica parecieran tener poco que ver con demandas o incidencia hecha por la sociedad civil sudamericana sino mas bien con iniciativas que han surgido de actores políticos-diplomáticos- administrativos de las administraciones publicas y gobiernos de la región. 

Interesantemente, y con alguna excepción ligada sobre todo al tema de la presencia militar en Haití, las redes y plataformas temáticas de sociedad civil de la región parecieran ir (muy) por detrás de sus gobiernos cuando de cooperar, solidaridad y relacionarse con Haití se trata. Resulta menos claro poder determinar en qué medida los países sudamericanos y organismos como la UNASUR se involucran real y efectivamente la discusión y definición de temas relacionados a Haití en ámbitos claves para el proceso de reconstrucción del país como el accionar del Banco Interamericano de Desarrollo, o si las decisiones sobre Haití descansan en la burocracia (y consultores) del Banco. Dicho sea de paso, luego de ríos de tinta escritos sobre la importancia de favorecer la apropiación y control social local del proceso de reconstrucción, la página sobre Haití del sitio web del Banco Interamericano de Desarrollo advierte que los proyectos aprobados y en estudio por el organismo están disponibles sólo en idiomas español e inglés. A pesar de las distintas agendas, miradas e intereses entre los países de la región, ojalá que la cooperación para el desarrollo sudamericana hacia Haití sea lo más parecida a un “todo coherente” y que no replique “vicios” ya crónicos de mucha cooperación del Norte como la falta de coordinación, el desconocimiento a las capacidades, idiosincrasia y prioridades locales y la imposición, en definitiva, del “poder del dinero” en las relaciones de cooperación entre países soberanos. 

Las contradicciones y asignaturas pendientes sudamericanas en Haití

Más allá de las campañas y acciones de comunicación que vemos de tanto en tanto en Sudamérica para promocionarla, la presencia militar extranjera en Haití es muy cuestionada y vivida por muchos sectores como una ocupación militar del país. Es auspicioso que los países de la UNASUR hayan tenido la iniciativa política de tomar el toro por las astas y llevar en una primera instancia el nivel de personal a niveles pre-terremoto pero es imperioso que Sudamérica haga su parte (los gobernantes haitianos deben hacer la suya) para evitar una renovación automática y cómplice de su participación en la MINUSTAH en 2012.

Cuatro oportunidades y desafíos

Para terminar, éstas son sólo algunas de las oportunidades y desafíos que los y las gobernantes de Sudamérica tienen o deberían considerar en relación a su política hacia Haití en los meses y años por venir:

1. Enriquecer la cooperación con Haití aprovechando le experiencia y lecciones aprendidas de países hermanos del Caribe como Cuba y Venezuela cooperando y relacionándose solidariamente con el gobierno y pueblo de Haití y que han tenido y continúan teniendo importantes resultados en áreas como la salud pública y la formación de profesionales universitarios. La colaboración tripartita Brasil-Cuba-Haití marca un posible camino a seguir.

2. En diálogo con las autoridades de Haití, acordar una política migratoria común de Sudamérica hacia Haití que permita recibir en forma digna y segura a nuestros hermanos y hermanas haitianas que así lo deseen y que prevenga y ponga fin a la incipiente trata y tráfico de personas.

3. Reconociendo y recordando siempre la inmensa y espontáneas muestras concretas de solidaridad dominicanas con el pueblo y autoridades haitianas luego del terremoto, se debe promover, en forma respetuosa y constructiva, un diálogo sudamericano con la hermana República Dominicana sobre la situación y los derechos de los haitianos y dominicanos de ascendencia haitiana en ese país, los cuales en su mayoría sufren un hostigamiento y claras violaciones de sus derechos humanos en pleno siglo 21.

4. Crear mecanismos permanentes de rendición de cuentas y consulta de los gobiernos sudamericanos con la sociedad civil sudamericana sobre la política hacia Haití,empezando por temas como la presencia militar sudamericana y el accionar del Banco Interamericano de Desarrollo.A casi dos años del terremoto, es mucho lo que se ha hecho pero muchísimo lo que falta hacer en Haití para que la justicia y la dignidad se instalen definitivamente en ese país y son los haitianos quienes deben, pueden y van a hacerlo. Lo que desde Sudamérica no puede faltar es la voluntad de caminar en forma paciente, humilde y respetuosa, junto al pueblo de Haití y sus instituciones en su lucha por conseguirlo.




*Martin Coria, es argentino y coordina los programas e iniciativas de cooperación y solidaridad de la agencia ecuménica internacional Church World Service en América Latina y el Caribe incluyendo la Repúbica de Haití, donde la organización trabaja desde 1954 junto a organizaciones locales. Las visiones expresadas en este artículo son a título personal. mcoria6@gmail.com





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